ANDAR PARA ENCONTRARSE

Julio Cortázar falleció en febrero de 1984. Murió de sida, a causa de una transfusión de sangre, cuando ni siquiera se le había puesto todavía nombre a la enfermedad. El dato de su muerte es concreto, aparece en todas partes. No me ha costado encontrarlo en Google. Sin embargo, no he sido capaz aún de encontrar esta frase suya de "Rayuela", probablemente su obra más emblemática:

"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos"

Me enseñaste esas palabras en el correo que la librería Pérgamo, o la familia Pérgamo más bien, nos envía cada cierto tiempo para recomendar libros o anunciar eventos. Sonreíste al mostrármela, intuyendo que me iba a causar el mismo efecto que a ti. Hemos hablado muchas veces de ello, de la sensación que los dos tenemos desde que nos conocemos, de nuestras divagaciones, que probablemente se acercan a la verdad, pero sin llegar nunca a vislumbrar lo que nos ha ocurrido con la elegancia, la claridad y la contundencia con que lo expresan esas nueve palabras de Cortázar. Porque es exactamente eso. Algo que no necesita una explicación más larga que esa frase, pero sobre lo que, sin embargo, se podrían llenar varios volúmenes de explicaciones sin sentido.

"Rayuela" se publicó por primera vez en París en junio de 1963. Casi justo un año antes, Cortázar le escribió una carta a Francisco Porrúa, editor sudamericano, rogándole que antepusiera la publicación de la novela, que le llevó cuatro años completar, a la de un libro de relatos que ya tenía preparado. En la carta, Cortázar mencionó que la única persona que leyó el manuscrito había sido Aurora Bernárdez, su pareja en esa época.

Los por aquel entonces todavía iluminados censores franquistas, aterrados sin duda por el boom latinoamericano y su estrecha relación con la revolución cubana, debieron ver al diablo en las páginas de la novela, porque no autorizaron su publicación en nuestro país hasta 1974, once años después de su aparición en Francia. 

Mi relación con "Rayuela" es cuando menos curiosa. Empecé a leerla, en una gruesa edición de bolsillo probablemente de Alianza Editorial, a una edad, y es ahora cuando me doy cuenta de ello, demasiado temprana. Hasta ese momento había leído a Camus, a Delibes, a Baroja, a Lovecraft, a Bradbury, y me apetecía conocer ese boom latino que llegó a España tan tarde como casi todo lo demás. Tengo que confesar que me entraron sudores cuando me sumergí en el libro, y sufrí cuando, resignado y convencido de mi mediocridad como lector, cerré sus páginas para no volverlas a abrir nunca más. Me invadió una enorme tristeza, porque era la primera vez que abandonaba un libro sin terminarlo.

Cuando se publicó “Rayuela” yo tenía casi dos años, y tú no habías nacido. Llegó a España a tus diez años de vida, cuando yo contaba trece. Quizá la leímos los dos en la misma época, no lo sé, allá por los primeros ochenta, o poco tiempo después de la muerte del autor en 1984. Probablemente, también, leímos los dos esa frase, quiero soñar que al mismo tiempo, sin entender todavía un mensaje que hemos comprendido plenamente y en toda su belleza al encontrarnos.

Y puestos a soñar, sueño que Cortázar escribió esa frase para nosotros, para todos aquellos que no sabían muy bien lo que buscaban, pero que tenían la esperanza de encontrarlo algún día. Sueño al autor en una elipsis temporal, escribiendo mientras nos veía a los dos leyendo sus palabras, sin entenderlas en ese momento, para interiorizarlas en ese futuro en que la búsqueda se completa por fin, y se cierra el círculo vital de dos almas muy parecidas. Sueño, y comparto también, las palabras que le escribe Cortázar a su amigo Eduardo Jonquieres en 1953 hablando de Aurora Bernárdez, su mujer, con un sentimiento muy parecido al que tengo ahora:

"El resto ya lo sabes. Ella ha venido a su vez, está aquí, su mano duerme de noche entre las mías. Y esta felicidad se parece tanto a un huracán que me da miedo, y no quiero decir nada más ".

No voy a escribir más sobre el tema, porque como muy bien dice Cortázar en otro momento de "Rayuela", probablemente también leído y olvidado por los dos, o simplemente no valorado en aquel momento como podríamos hacerlo ahora, "pobre amor el que de pensamiento se alimenta". Y tiene también delito que en un espacio en el que intento escribir sobre los libros que me marcaron, lo haga hoy sobre uno que se me atragantó, pero pienso que esos fracasos literarios personales forman parte también del bagaje cultural y vital de cada uno.

A partir de esa frase, y de lo que me contaste que leíste de él, se despertó mi curiosidad por Cortázar, y esa curiosidad me condujo a Aurora Bernárdez, traductora, escritora y primera mujer del escritor, quien, curiosamente, en una de esas piruetas casuales que se dan de vez en cuando, tradujo al castellano "Las ciudades invisibles" de Calvino, ese libro que tanto significa para los dos.

La frase escrita sobre nosotros me llevó a Cortázar, y Cortázar me llevó a Aurora Bernárdez, y todo ello en ese ambiente tan especial que se produjo entre nosotros desde que nos encontramos, por fin, después de toda una vida. Quizá sea el momento de hacer lo que nos propone Vivian Gornick en "Cuentas pendientes", y sumergirme, con una mirada distinta, más libre, más abierta, y más ilusionada, en las páginas de "Rayuela".

 

Comentarios

  1. Interesante y misteriosa entrada. Yo llegué a Rayuela a través de su condición más frívola: “hay una novela que se puede leer en distintos órdenes y que tiene distintos finales” y tampoco caí en sus redes. Pero tengo que volver a leerla. Moby Dick la abandoné dos veces antes de leerla por tercera vez, y, esta última, con un enfoque completamente distinto por mi parte, la disfruté de verdad.
    Quizás con Rayuela me pase lo mismo.
    “Modelo para armar,” e “Historias de Cronopios y de Famas”, aunque reconozco que en mi etapa más snob de estudiante en los ochenta, si me llegaron a emocionar a la primera.
    Me apunto como tarea el segundo intento de Rayuela

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    1. Pues nada, Roberto, nos meteremos con Rayuela, claro que sí, es lo que toca. Imagina que leemos la famosa frase los dos al mismo tiempo, eso sí que sería misterioso. Muy interesante tu referencia a Moby Dick. Leí un par de versiones resumidas y me entusiasmó, pero cuando me metí con la versión completa en dos tomos no fui capaz. Muchas gracias por el comentario

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